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DESPENALIZAR ¿CURA O MATA?

despenalizar, ¿cura o mata?
Artículo periodístico publicado en el Diario La Nación sobre la posible despenalización del consumo de drogas
para consumo personal

(29 de diciembre de 2008)
Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere criminalizar al adicto, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero ¿se logra el propósito andando ese camino?

¿La legislación actual penaliza al consumidor? No. La ley 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una "dependencia física o psíquica" de la sustancia, el juez puede imponer una "medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario", por lo que deja en suspenso la pena que le pudiera corresponder.

Considera al consumidor como una persona enferma (no un delincuente) y manda a proveerlo de un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La despenalización del adicto ya está en vigencia.

Pero la ley mencionada no se está cumpliendo. El Estado nacional no está asistiendo adecuadamente a las instituciones que se dedican a la rehabilitación. La Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico) no da abasto ante la enorme demanda y cuenta con un presupuesto para unas pocas becas de un año. Estas no alcanzan para tratamientos prolongados. La gran mayoría de las provincias no tiene sistemas de tratamiento para recuperación de adictos. Sólo unos pocos municipios, con enorme esfuerzo, están buscando articular algún programa.

Tampoco se cumple la ley en lo que se refiere a estrategias de prevención, que no deberían consistir sólo en campañas esporádicas, espasmódicas, aleatorias y desconectadas de planes integrales que apunten al rescate del adicto.

Prevención no es dar charlas a los adolescentes en las escuelas acerca de las consecuencias de drogarse. Casi todos ellos ya lo saben y hasta podrían darnos clases sobre las sustancias. La tarea preventiva debería involucrarnos a los adultos, responsables de una sociedad enferma que compromete su futuro despreciando su presente. Vivimos en medio de conductas adictivas, propuestas desde la publicidad de medicamentos y el imperativo del éxito rápido sin esfuerzo.

Tampoco se avanza de modo significativo en lo relacionado con una lucha frontal contra el narcotráfico. Las mafias de la muerte controlan impunemente territorios de elaboración y venta.

Habría que penalizar al Estado por no cumplir la ley. Si no se sabe adónde enviar a los adictos y se los encarcela, ése no es el espíritu de la ley. Es cierto que hay "perejiles" en prisión, mientras que los que se enriquecen con la muerte de nuestros pibes están de paseo.

Pero si se llega a hacer legal la tenencia para consumo, ¿cuál será la cantidad permitida para cada uno, si cada uno tiene tolerancia diversa? ¿Será para el consumo de una noche, un día, una semana? ¿Da igual marihuana, cocaína, "paco", éxtasis, "burundanga", ketamina?

Ya que no está mal llevar lo del consumo propio, ¿se podrá, entonces, utilizarlo en el aula, la cancha, la vía pública? Ya se hace, lo sabemos, pero hoy es ilegal.

Lo que sí parece claro es que el Estado se desliga de la obligación de hacerse cargo de los tratamientos y, en última instancia, de los pibes. Digámoslo con claridad: la droga es sinónimo de muerte. Darle más espacio en la vida de los jóvenes es hacer que la muerte crezca. Despenalizar su uso es un riesgo serio.

La ley es también un marco de referencia como modelo de conducta. Legalizar la tenencia para el consumo es dar este mensaje: "Está bien que tengas en el bolsillo aquello que te lleva a la muerte, aunque para poder comprarlo hayas conseguido dinero robando o prostituyéndote".

Quien robe o mate bajo el efecto de la droga ¿será inimputable? Si alguien intenta frenarlo por su conducta agresiva y lo lastima o mata ¿será inimputable también? Es imperioso tener presente que prácticamente la mitad de los delitos violentos ocurren por efectos de la droga o del alcohol.

En cuestión de adicciones es importante ir a fondo en lo que hace al sentido de la vida, una vida digna que merezca la pena y la alegría de ser vivida. De esto trata la educación y los valores. La familia y los amigos. La sociedad y la ley.

Hacemos bien en decir que la adicción es una enfermedad. A diferencia de la gripe o la hepatitis, no se contagia por el mate, la toalla o el baño. Se contrae por hartazgo, vacío existencial, falta de horizonte, soledad, hambre, vida de perros? Ese es el foco infeccioso que encuentra caldo de cultivo en una sociedad dominada por el consumismo y la superficialidad.

Hace unas pocas semanas, un ministro nos sorprendió al afirmar que el 75% del consumo juvenil de drogas en el país es "recreativo". Si así fuera, cabe preguntarse si el 25% restante entró en la adicción por un camino distinto del de la "recreación".

Mientras tanto, dejemos hablar a las mamás de los adictos. Sus relatos desgarradores nos conmueven. Muchas de ellas luchan contra este flagelo en soledad, sin sentirse acompañadas ni comprendidas por funcionarios públicos y de fuerzas de seguridad.

Escuchemos también a los jóvenes que luchan para salir del infierno y a los profesionales o voluntarios que trabajan en este campo. Mirar a la Argentina como país de tránsito no parece consonante con la realidad cotidiana. Nos decía un joven en recuperación por su adicción al "paco": "Estoy dispuesto a todo, siempre y cuando nada vuelva a ponerme en situación de riesgo". ¿La ley piensa en él? La gran mayoría dio los primeros pasos hacia la adicción sin darse cuenta, jugando en el límite y con el límite. De pronto, entraron en una especie de remolino que los chupa y no los larga. En el comienzo, el primer plano estaba centrado en vencer el miedo o la vergüenza, ganar la estima de los demás. Promesas de darlo todo para quedar con nada, perverso vacío.

En el juego de la oca, un participante puede retroceder varios casilleros si cae en uno fatídico. En la vida también se puede retroceder mucho, al punto de no poder regresar. Hay casilleros de no retorno, fuera de juego, fuera de vida.

Hay que ponderar muy seriamente qué consecuencias puede traer esta medida en las ciudades y las provincias del país en que la droga aún no hizo pie abiertamente. El esfuerzo que están haciendo familias, escuelas, funcionarios en esos lugares corre riesgo de verse sobrepasado. Si se abren nuevos mercados para el consumo, la muerte habrá conseguido nuevos escenarios para desplegarse. Sumaremos perplejidad, asombro y dolor ante más "caballos que se mueren, potros sin galopar" (Los Redonditos de Ricota).

"Probá no probar" es una consigna de liberación. "Probá, que no hay drama" es opresión y dependencia.

Tenemos la obligación de "primerear" a la muerte. Podemos hacerlo.+


Mons. Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú

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LA DROGA = ANTICULTURA DE LA MUERTE


El obispo de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, consideró que la droga es “uno de los más graves problemas que nos toca sobrellevar y claramente es un flagelo que forma parte de la anticultura de la muerte”, y advirtió que “este mal va creciendo a pasos agigantados en nuestra patria, está descontrolado, genera silencios y miedos, y nos tiene sumergidos a los ciudadanos como ‘meros espectadores’ de algo que nos hace sentir que estamos vencidos”, porque, lamentó, pareciera que en este tema “nadie quiere ‘poner cascabel al gato’”. Tras calificar de “gravísimo” que quien quiera meterse a luchar “contra la droga” se expone a “amenazas personales o a su familia, cuando no a perder la propia vida”, recordó que “este gravísimo problema del crecimiento del negocio, mafia y consumo de la droga fue planteado por los obispos argentinos en el contexto de sus desafíos pastorales”, y que el Foro “De habitantes a ciudadanos” presentó un anteproyecto de ley para la creación de un Programa Nacional de Educación y Prevención sobre el consumo de drogas y alcohol a las autoridades de la Cámara de Diputados de la Nación. El prelado precisó que este anteproyecto impulsa, entre otras cosas, “fomentar que los niños y adolescentes funden sus comportamientos y hábitos de vida en valores trascendentes que los ayuden a descubrir un proyecto vital que se articule con el bien común; implementar acciones interdisciplinarias de educación y prevención (ejemplo: deportivas, solidarias, de aprendizaje colectivo, etc.); capacitar personal docente de la institución escolar para educar para la salud y para la vida en el marco de la libertad de enseñanza; apoyar a las familias en su tarea educativa, especialmente a las más necesitadas de contención; y vincular a los distintos sectores e instituciones, con el propósito de sensibilizar a la sociedad toda sobre la necesidad de actuar conjuntamente en esta lucha”. “Por la gravedad que el problema de la droga tiene en nuestra patria y en nuestra provincia, es necesario que se adopten políticas públicas y se tome la lucha contra este flagelo social como una cuestión de Estado”, reclamó. Monseñor Martínez reveló que “en nuestra región del nordeste también se empezó un camino desde la acción pastoral, para mejorar y coordinar las respuestas, sobre todo pensando en nuestros jóvenes y adolescentes que son los principales afectados”, e insistió en que hay que tomar conciencia de que “estamos ante un mal que implica a sectores muy influyentes de la vida pública y privada, y que el tratamiento de este tema genera silencios que pueden desanimarnos”. “Cada tanto parece que nos conformamos cuando se encuentra alguna carga de droga, pero tenemos la certeza de que esto es absolutamente insuficiente. La droga es muerte y aunque hay tantas tinieblas que se acentúan en nuestra realidad creemos que en este tema también la vida triunfará sobre la muerte”, confió en el final. WWW.AICA.ORG