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EL ABORTO NO ES UN DERECHO

En un fallo histórico, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos afirmó con contundencia que no existe el derecho humano al aborto, en cambio sí existe el deber del Estado de proteger la vida. El Tribunal Europeo resolvió que no hay un “derecho humano al aborto”, en un caso relativo a un desafío a la Constitución irlandesa. La Gran Sala del tribunal emitió un fallo sobre el "caso A, B y C versus Irlanda", señalando que la prohibición constitucional irlandesa de abortar no viola la Convención Europea de Derechos Humanos. El tribunal decidió que las leyes del país no violan la Convención Europea de Derechos Humanos, que destaca el “derecho al respeto a la vida privada y familiar”. WWW.AICA.ORG

HONRAR LA VIDA


Sí a la vida. Esta es la opción fundamental de Gianna Beretta Molla, mujer de su tiempo, miembro de la Acción Católica, esposa, madre y pediatra de Milán. muerta hace 30 años, el 28 de abril de 1962, a los 39 años de edad, en el Hospital de Monza, que llegará a los altares, el próximo 16 de mayo, junto a Don Orione entre otros.
No cabe duda que un mundo donde muchas veces, se defienden todos los derechos y se niega el derecho a la vida del no nacido, esta laica amante de la música, de la vida en el campo y la montaña, profesional comprometida y madre abnegada de 4 hijos, supo descubrir en lo cotidiano el modo de ser una cristiana auténtica y una mujer plena.
En Julio de 1991 el Papa reconoció la heroicidad de las virtudes de Gianna. que no dudo en priorizar la vida de su hija por nacer antes que la propia, dada la aparición de un fibroma que debía ser extirpado. Su esposo decía que su elección”no fue un suicidio” La decisión de mi mujer fue el resultado coherente de toda una vida No lo hizo porque esperase nada a cambio, ni ‘para irse al Cielo’. Lo hizo porque se sabía madre”.
"La vida humana es sagrada e inviolable: es un don de Dios al hombre, pero también es un don del hombre a los hermanos ". Son las dos expresiones que aparecen con mayor frecuencia en los escritos y en la vida de Gianna, y que constituyen la clave de lectura de sus opciones y de su misión apostólica.
Gianna se orientó decididamente a la profesión de médico que era una tradición de familia, se casó con Pietro Molla decidida a formar una familia cristiana y combinar su vida familiar, profesional y apostólica en su proyecto de vida.
Luego, imprevistamente, a los 39 años, Gianna embarazada de su cuarto hijo, comienza a tener complicaciones de salud.. Hoy, su marido -que tiene 82 años-, lo recuerda con todos los detalles: "Durante el cuarto embarazo, en septiembre de 1961, apareció un gran fibroma en el útero, por lo cual -a los dos meses y medio- se hizo necesaria una intervención quirúrgica. Este fue el inicio de su holocausto. Fidelísima a sus principios morales y religiosos, dispuso sin dudar que el cirujano se ocupase primero de salvar la vida de su criatura".
En vísperas del parto no duda en reunir, junto a su lecho, al marido y a los médicos para decirles: "Si deben elegir entre el niño o yo, ni lo duden: elijan -y se los exijo- al niño. Sálvenlo!".
Con estas convicciones profundas, y sabiendo todo lo que le espera -Gianna era pediatra y lo sabía muy bien- entra en la clínica de Monza el 20 de abril de 1962, Viernes Santo, tiene a su hija y muere ocho días después, en su propia casa.
Juan Pablo II el 24 de abril de 1994 en su beatificación la propuso como modelo para todas las madres quién no eludió el sacrificio, confirmando así su virtud heroica y el 16 de mayo fue canonizada junto a otros cinco testigos de la fe de nuestro tiempo.
"No sabía que vivía con una santa -declaró Pietro Molla-. Gianna era, en realidad, una mujer normal, con la pasión por la vida, por la música, los paseos, la montaña. Fue recién después, cuando ella ya no estaba, que su amor y su sacrificio me conquistaron como una revelación, y me acompañaron todos estos años".

LA RELIGIOSA DEL BANCO DE LOS POBRES

Bangalore (Fides) – Sor Nancy Pereira, de las Hijas de Maria Auxiliadora (FMA), murió el 14 de julio en su comunidad de Bangalore (India). Nació en Pudukkuruchy, en al estado indiano de Kerala, el 14 de agosto de 1923, y emitió los primeros votos el 6 de enero de 1945. Su nombre se había vuelto famoso pues al inició de los años ’90 comenzó en Bangalore (a unos 1,000 km al sur de Bombay), un “Fondo para pobres”, inspirándose en el ejemplo de la “Grameen Bank” de Bangladesh.
Los clientes de este original banco debían ser los pobres de los slums y de las aldeas, los que no tenían nada, para así tener la oportunidad de construirse una nueva vida. Quien quería un crédito tenía que demostrar saber ahorrar con constancia durante un año una pequeña cifra y participar en los encuentros del grupo de gestión de créditos. La tasa de interés anual era apenas suficiente para poder cubrir los gastos de gestión. El proyecto del Banco para pobres involucra a toda la familia y reconoce las exigencias de cada miembro, es por eso que había sido incluido como parte de un proyecto de educación integral de familias llamado Fides (Family Integral Development and Education Scheme – Programa integral de educación familiar), que favorecía la promoción integral de muchas personas, numerosas familias e incluso aldeas completas.
Como evidencia la nota biográfica redactada por la congregación de las FMA, sor Nancy “estaba plenamente convencida que su vocación era la de estar con los pobres y dedicarse a su servicio. Amaba a todos y buscaba ayudar a las personas a tomar conciencia de sus derechos y deberes, para vivir su propia dignidad de hijos de Dios. Y hacía esto con alegría, involucrando a muchas personas en sus proyectos. Poco apegada a si misma, vivía pobremente para enriquecer a los indigentes. Con su solidaridad creativa fundó numerosos grupos para la promoción de las mujeres SHG (Self Help Group) y elaboró varios programas de desarrollo: IGP (Incombe Generating Programme) para que los pobres pudieran vivir una existencia digna logrando una autonomía económica”. Durante su vida sor Nancy recibió cinco reconocimientos internacionales por su servicio a los pobres. (SL) (Agencia Fides 19/7/2010)

DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


Que una mujer conduzca un autobús, dirija una fábrica o mande una división es hoy completamente normal. No digamos nada sobre el hecho común a todos los países del primer mundo de que haya mujeres que ejercen la medicina, la arquitectura, la ingeniería, la docencia a todos los niveles y cualquiera de las mil y una especializaciones de la técnica. Ciertamente, desde tiempos inmemoriales la mujer ha molido el trigo y preparado la hornada de cada día, ha compartido tareas agrícolas y ganaderas y, sobre todo, ha dedicado muchísimas horas a la educación humana, espiritual y religiosa de sus hijos. Sin olvidar que en muchas civilizaciones ha llevado la administración doméstica del hogar, supliendo con su talento, ingenio y dedicación las carencias más primarias.
Sin embargo, el hecho al que aludía al principio está vinculado con la sociedad industrializada. El Día Internacional de la Mujer trabajadora es todavía más moderno. Su origen se remonta a 1857, cuando en Nueva York se produjo una marcha de mujeres trabajadoras de una fábrica textil en protesta contra las condiciones de trabajo. Otro hecho importante que condicionó la efeméride ocurrió en 1908 también en Nueva York, cuando un grupo de costureras industriales de grandes fábricas se declararon en huelga para protestar por sus condiciones laborales y pidieron aumento de sueldo, reducción en la jornada laboral y fin del trabajo infantil. Durante esta huelga pacífica, ciento veintinueve mujeres murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory. Esto ocurrió el ocho de marzo de ese año.
Al año siguiente se celebró por primera vez en Estados Unidos el día de la mujer trabajadora y en 1910 se propuso ese día como día internacional de la mujer, en el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas de Dinamarca. El ocho de marzo de 1977 las Naciones Unidas declararon el "Día internacional de Mujeres Trabajadoras" y eligieron el color lila para representar los esfuerzos de las mujeres que murieron.
Desde entonces la situación de la mujer ha avanzado de forma muy significativa. Sin embargo, todavía quedan muchas cosas por hacer para que la sociedad reconozca su dignidad. En las páginas de un Diario, una periodista burgalesa escribía recientemente con dolor estas palabras: «Es el tercer negocio que más pasta mueve en el mundo. Por delante sólo están el tráfico de drogas y el de armas, ambos deleznables pero algo menos repugnantes que la trata de personas -casi siempre, mujeres- que se lleva la medalla de oro de la indecencia". Se refería al terrible y bochornoso negocio de vender mujeres para la prostitución.
Es un caso significativo pero no el único. Pienso, por ejemplo, en el drama humano que se está creando con el fenómeno masivo de la inmigración en Europa: muchas mujeres se ven obligadas a venir en busca de un poco de bienestar para sus hijos, a costa de dejarlos en el país de origen, tantas veces en situaciones sumamente precarias.
La fe cristiana profesa que Dios ha creado al hombre y a la mujer con la misma dignidad personal y con los mismos derechos, puesto que a ambos los hizo a imagen suya y los destinó a la misma herencia del Cielo. Jesucristo, por su parte, dignificó tanto a la mujer, tan menospreciada en aquella sociedad, que el primer testigo del trascendental hecho de su resurrección fue una mujer: María Magdalena. Otra mujer, la Virgen María, fue elevada a la dignidad incomparable de Madre suya.
Mi reflexión para este día se podía resumir así. El hombre y la mujer son iguales en dignidad. Y en aquello que se distinguen son complementarios. Deseo con toda mi alma que la mujer sea reconocida socialmente en su plena dignidad. Y deseo, con la misma fuerza, que sea reconocida en su especificidad y en su feminidad, y que no sea el varón el punto de comparación sino la dignidad personal de que ella es portadora por voluntad del Creador.

MONS. FRANCISCO GIL HELLIN, ARZOBISPO DE BURGOS.